Rescatan las ideas del filósofo callejero

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28 de Diciembre, 2015

Fuente: SuplementosKu.cl (Mercurio regional)

A poco más de un año de la muerte de Humberto Giannini, el Departamento de Filosofía de la Universidad de Chile editó un libro con columnas y entrevistas del intelectual público que tenía un pie en la calle y el otro en la academia.

GianninipublicoFaride Zerán descrifra a Humberto Giannini, el filósofo callejero
La periodista Faride Zerán, vicerrectora de Extensión en la Universidad de Chile y entrevistadora frecuente del filósofo Humberto Giannini (1927 – 2014), explica el aporte que realizó al Chile de la transición a la democracia. Su figura aparece y reluce en toda su afable inteligencia dentro de “Giannini público”, libro publicado por Editorial Universitaria y el departamento que dirige Zerán. En él se recoge parte del pensamiento cotidiano del profesor, anclado en la experiencia común de habitar la ciudad y caminar por sus calles.

A más de un año de su muerte, el Departamento de Filosofía de la Universidad de Chile recordó a quien estuviera ligado a esta institución por más de seis décadas. Columnas de opinión y artículos publicados en medios nacionales, así como casi una veintena de entrevistas concedidas entre agosto de 1980 y noviembre de 2014, conforman este volumen que delinea la figura del querido profesor.

Luego de leer sus casi 300 páginas, no cuesta mucho imaginar al niño que faltaba a clases por quedarse embobado con el paisaje costero de Playa Ancha. Ni cuesta imaginar al adolescente rebelde que se largó durante dos años a surcar los mares hastiado de la autoridad paterna que lo quería dentista. Tampoco cuesta dar con la imagen del muchacho de 24 años recién llegado a Santiago que solo quería estudiar y a quien acusaron de “academicista” y “viejo”.

Es bastante cálida la cercanía intelectual que imprime este filósofo público o detective callejero, implicado en todo lo que explica, atento de manera gentil a cómo subsiste la tolerancia frente a los bemoles de la convivencia. “Lo que digo lo debo decir desde mi vida cotidiana, y ese es mi campo de investigación” sentencia y abarca de un plumazo todo.

A la cabeza de un Departamento de Filosofía que en los primeros años de dictadura subsistía casi escondido dentro de los deslindes de la Facultad de Medicina, mirando hacia el Cementerio General, luego hubo de partir al campus de La Reina, casi chocando con la cordillera. Con su rostro de actor italiano de los años 50, como tan bien lo define Faride Zerán, su oficio fue describir “pulcramente” la realidad.

Intelectual público

Faride Zerán, vicerrectora de Extensión y Comunicaciones de la Universidad de Chile, recuerda al personaje, uno con quien dialogó en numerosas oportunidades, uno que sufrió un infarto y se entregó a la muerte luego de terminar una última entrevista en noviembre de 2014.

-¿Qué tipo de intelectual representa Giannini? ¿Cuál es el alcance de su figura pública?

-Giannini no sólo era una figura de la academia, un pensador, o un filósofo con una gran producción de libros. Era lo que denominamos un verdadero intelectual público que tenía un pie en la calle y el otro en la academia, uniendo ambos mundos en una mirada crítica, densa, que interpela. Un intelectual público que no le temía a los medios, que se tuteaba con el periodismo y que fue clave para aportar en nuestro escuálido espacio público. Escuálido de debate, de ideas, de miradas distintas, de visiones que lo enriquezcan.

-¿Cómo lo conoció?

-A Giannini lo conocí primero por sus libros. Soy una buena lectora de ensayos y en los años ochenta, en plena dictadura, me interesaba la reflexión que se estaba haciendo sobre la sociedad chilena intervenida, disciplinada, con toque de queda y todo lo que ello implicaba. En ese contexto leí, a mediados de los ochenta, su libro “La reflexión cotidiana”. Humberto era director del Departamento de Filosofía de la Universidad de Chile, ubicado en La Reina alta, pegado a la cordillera, bien lejos de todo. Yo tenía la revista “Pluma y Pincel”, junto a las periodistas Irene Geis y Cecilia Allendes. Era una revista cultural y nos interesaba estimular un debate inexistente en ese entonces.

-¿Cuándo fue su primera entrevista?

-Fue en 1987, y cuando se la pedí intuía que a partir de su libro “La reflexión cotidiana” podíamos ir desentrañando algunos aspectos interesantes del Chile de ese entonces. Y no me equivoqué. En ese libro la calle era el punto de inflexión para hablar de la ciudad y de los miedos de sus habitantes. Para abordar la tiranía exterior y el autoritarismo interno de una sociedad domesticada. Recuerdo que en esa entrevista el filósofo dijo algo así como que la vida que se llevaba en Chile no era digna de ser vivida. Una frase que sin duda nos hacía pensar y cuestionar lo que muchos habían naturalizado.

-¿Por qué se volvió un entrevistado frecuente?

-Con los años lo entrevisté varias veces, especialmente para el diario “La Época”, donde yo estaba a cargo de dos páginas cada domingo. En los inicios de la transición a la democracia, fue leyendo los cambios de nuestra sociedad y auscultando sus dolores, silencios y omisiones. Su capacidad de observar, de leer desde lo cotidiano y luego de elaborar una reflexión con gran lucidez y originalidad, hacían de este personaje una figura clave para leer al Chile de ese tiempo.

UNIVERSIDAD y REPÚBLICA

“En Chile no hay cultura política”, dice en 1987 abismado ante las masas sin conciencia, no solidarias y con la dictadura metida en la sangre. “Gran parte del día pienso en Pinochet”, confiesa.

Por esos años perfila grandes temas, como el humanismo como una suerte de defensa del hombre contra sí mismo, y a comienzos de los noventa, al principio de la transición, devela el dogma del acuerdo o el temor a la diferencia que reina.

Otra de sus grandes preocupaciones fue la de volver a una educación abierta, gratuita y universal.

Para Faride Zerán, desde muy temprano levantó la existencia de la universidad pública como pieza fundamental en la reconstrucción de la República.

-¿Desde qué ángulos nos interpela su propuesta de universidad?

-Abogó por una universidad al servicio del país, en sintonía con su desarrollo, y contribuyendo desde sus áreas y disciplinas a una sociedad más plural, tolerante y democrática. También se dio cuenta de lo que significaba el desmantelamiento de la educación pública, en cuyas aulas podían convivir democráticamente todos los sectores socioeconómicos del país. Y apuntó desde los años ochenta, apenas concretado el desmembramiento de la Universidad de Chile, cuando le quitaron sus sedes regionales y el Instituto Pedagógico, que ese no era solo un golpe a la universidad, sino al país. Y en ese sentido, puso el tema en el tapete, y hasta sus últimos días insistió a través de sus textos y entrevistas a los medios, en la deuda de la transición y de los gobiernos de la post dictadura con el país.

-¿Por qué presenta una defensa de la educación pública?

-Porque el hecho de que no exista una red de universidades del Estado fuerte, o que los colegios públicos no tengan el nivel que se merecen los niños y jóvenes de Chile, es un atentado al país, no a las universidades o colegios estatales. Giannini defendió la educación pública como un derecho, y en ese sentido denunció la mercantilización de la educación, el lucro, y la segmentación en este ámbito. También advirtió sobre la precarización de las áreas de las humanidades, las ciencias sociales y el arte. Señaló que si en Chile “las humanidades salieron en viaje de negocios”, estábamos en un problema para el país.

Diálogo moral

Para este filosofo callejero que deambulaba, miraba y anotaba, el temor en la calle siempre estuvo presente y veía que la llamada reconciliación escondía muchas cosas. “El acuerdo es una conquista”, proclamaba por esos días. El diálogo moral lo entendía producido por un conflicto permanente, sano, algo muy distinto al acuerdo. “Sancionando el conflicto se daña el eje de la vida democrática”, advertía.

-¿Cómo entendía a la tolerancia y el diálogo?

-Giannini entendió el concepto de “tolerancia” como resultado de la interacción a través del diálogo y de mirarse en el otro. El diálogo no como negociación, sino como intercambio rico de argumentos. Tanto así que fue uno de los que arremetió en contra del “dogma del consenso”.

-A poco más de un año de su muerte, ¿qué es lo que más echa de menos de la figura y del discurso de Humberto Giannini?

-Se echa de menos la figura del intelectual crítico que enriquece el diálogo ciudadano. Se echa de menos su ferviente defensa de lo público, y, por supuesto, de la reconstrucción de la educación pública. Por eso editamos este libro, para recordarlo a través de su palabra en interacción con el espacio público. Ese es el mejor homenaje a este Giannini público.

Humberto Giannini tenía Un pie en la calle y el otro en la academia, ese era, para Faride Zerán, el atractivo de su figura.

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