“El pensamiento conservador ha sido el poder constituyente del Chile contemporáneo”

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26 de enero, 2016

Fuente: SuplementoKu.cl

Carlos Peña, columnista y rector de la Universidad Diego Portales, elogia el libro “El pensamiento conservador en Chile”, que presentó hace algunos días. Acá explica por qué, sin darnos cuenta, los intelectuales Alberto Edwards, Francisco Encina, Jaime Eyzaguirre, Osvaldo Lira, Jaime Guzmán y Mario Góngora, han influido tan fuerte en la sociedad actual.

Por Amelia Carvallo

Una calurosa tarde a principios de este enero, Carlos Peña, rector de la Universidad Diego Portales, columnista y profesor asociado de la Universidad de Chile, presentó en el Salón Eloísa Díaz de la Casa Central de este último plantel una edición aumentada de “El pensamiento conservador en Chile”. El libro es de los académicos Renato Cristi y Carlos Ruiz y su primera edición se remonta a 1992, año en que además ganó el Premio Municipal de Literatura de Santiago, mención ensayo.

“El conservador piensa que el presente es una culminación del pasado; en cambio, el progresista piensa que el presente es apenas un inicio”.

El pensamiento conservadorEn esta flamante nueva edición los autores abordaron a seis intelectuales chilenos: Alberto Edwards (1874-1932), Francisco Antonio Encina (1874-1965), Jaime Eyzaguirre (1908-1968), Osvaldo Lira (1904-1996), Mario Góngora (1915-1985) y Jaime Guzmán (1946-1991). Para conversar sobre esta flor y nata del pensamiento conservador en Chile, que irrumpe sin ambages a comienzos del siglo pasado, pero muestra vestigios desde comienzos de la modernidad, acudimos a la mirada de Peña, el influyente columnista dominical.
-¿Por qué es beneficioso dar una mirada al pensamiento conservador en Chile?
-Ocuparse del pensamiento conservador hoy día en Chile no es una ocupación que tenga que ver con el pasado, sino con el presente. El pensamiento conservador, uno de cuyos representantes más preclaros es Jaime Guzmán, ha configurado buena parte de nuestro presente. Por decirlo así, el pensamiento conservador ha sido el poder constituyente del Chile contemporáneo.

-¿Qué ideas arroja sobre el debate nacional actual?

-La idea que hay sociedades intermedias, empresas, asociaciones, que deben perseguir sus fines propios sin interferencia del Estado, o con la menor interferencia posible, de manera que el Estado debe ocuparse solo de aquello de lo que esas sociedades no son capaces por sí mismas, es decir, el principio de subsidiariedad ha inspirado casi todas las políticas públicas de las últimas décadas. Se trata de una idea conservadora que sintetiza el corporativismo de raíz medieval con las tesis de Friedrich Hayek, lo que llamaríamos tesis neoliberales. Lo mismo ha de decirse del peso mudo, pero exagerado, que el catolicismo ha poseído en Chile en cuestiones de moralidad. Y, por supuesto, de la concepción autoritaria del poder. Todos esos elementos que el genio político de Guzmán (decir genio, por supuesto, no es, necesariamente, decir bueno desde el punto de vista de los resultados) contribuyó a sintetizar, han tenido una influencia casi atmosférica en la forma que pensamos en Chile la sociabilidad y la política. Ocuparse entonces del pensamiento conservador es ocuparse de lo que ha configurado el actual espacio público en Chile, justamente el que hoy parece estar desafiado.

-En cuanto a la amplitud del libro, ¿lo satisface la selección de autores hechos?

-La selección de autores es, desde mi punto de vista, inmejorable. Se trata de los intelectuales que mejor expresan la sensibilidad conservadora en Chile. Ellos encarnan el estilo de pensamiento que llamamos conservador que es una cierta forma de experimentar el tiempo, por decirlo así y por eso la mayor parte de ellos (Góngora, Edwards, Eyzaguirre y Encina) son historiadores.

-¿Qué los caracteriza?

-El conservador posee una cierta idea del tiempo histórico, piensa que el presente es una culminación del pasado; carlos_peñaen cambio, el progresista piensa que el presente es apenas un inicio. El conservador cree que hay que adecuar las normas a la realidad; en cambio el progresista piensa que hay que estirar la realidad para acercarla a la norma.
Dice Peña que los autores analizados son, además, los que han poseído mayor influencia cultural. “Eyzaguirre, que fue un modelo de vida para Guzmán, formó a generaciones y a parte importante de la élite católica; por otro lado, los libros de Encina modelaron el conocimiento histórico de buena parte de los chilenos de la segunda mitad del XX, incluida la élite de izquierda, como lo prueban algunas referencias históricas y el gusto por el poder presidencial del ex presidente Ricardo Lagos; Guzmán configuró la gran síntesis que sostuvo ideológicamente la modernización que impulsó la dictadura”, recuerda y agrega: “Por supuesto en Chile hubo otros pensadores conservadores, pero entre ellos no hay ninguno con la influencia de aquellos puestos en este libro”.

-¿Cómo conviven conservadurismo y neoliberalismo?

-El conservadurismo posee cercanía por supuesto, hasta casi hermanarse, con el neoliberalismo. Este último piensa, es cosa de citar a Hayek, que la sociedad es resultado de la acción humana, pero no fruto de ninguna acción humana individual. En otras palabras, el neoliberalismo se opone a cualquier forma de constructivismo y en cambio prefiere al mercado en la medida que este último es una forma de interacción espontánea. Esa idea le viene como anillo al dedo al conservadurismo que siempre ha pensado que la actualidad, el presente, es fruto de una evolución incremental, el fruto de la maduración del tiempo, y que querer intervenir el tiempo para apurar la llegada del futuro -esto es, una revolución- es un error, al margen de su contenido, de graves proporciones. Si se suma a ello el parentesco entre el corporativismo que mencioné denantes y la libre iniciativa privada, (la idea que el Estado no debe hacer nada que los particulares no puedan hacer por sí mismos), se comprende fácilmente cuán hermanados están el conservadurismo y el neoliberalismo.

-¿Y qué influencia detenta hoy en Chile, especialmente en ámbitos menos palpables como la cultura y la sociedad?

-En la cultura y la sociedad la influencia del conservadurismo es enorme. El tratamiento de la moral sexual como un ámbito alienado de los individuos y entregado a poderes ajenos a su voluntad (como la naturaleza o la ley de Dios), la idea que las leyes económicas son leyes naturales que la voluntad humana no puede transgredir, la idea de que la nación es una comunidad de origen que se ve amenazada por la reivindicación indígena, la creencia que todas las esferas de la vida social pueden entregarse al mercado (por ser el mercado un ámbito de interacción espontánea), etcétera, son todas ideas conservadoras que nuestra cultura, sin que nos demos cuenta, ha llegado casi a transpirar.

-¿Tenemos los chilenos y chilenas una tendencia innata hacia lo conservador y lo tradicional, hacia los atavismos y las añoranzas?

-Ninguna sociedad, incluida la chilena, es naturalmente conservadora o liberal. Cuán conservadora o liberal sea, es el resultado de la hegemonía intelectual y cultural de ciertas ideas y de las condiciones materiales de la existencia. Pienso que uno de los efectos de la rápida modernización que Chile ha experimentado será el decaimiento de la cultura conservadora, algo que ya estamos viendo. La expansión del consumo, el aumento de la individuación, el debilitamiento de las élites, acabará, ya está acabando, por socavar esos prejuicios casi atmosféricos que hasta ahora nos han guiado para sustituirlos por otros. Algo de eso ya estamos viendo. La idea que la vida social es espontánea está siendo sustituta por la convicción opuesta, a saber, que podemos deliberar y diseñar todos los aspectos de la vida que tenemos en común, la convicción que la moral sexual está en manos ajenas, está siendo reemplazada por la idea que pertenece a cada uno, etc. La atmósfera conservadora no se ha disipado del todo, pero lo que era un cielo cultural cerrado, muestra ya algunos claros perfectamente liberales.

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