Pensamiento
Actualidad de Góngora, Encina y Edwards

Noticia
Alberto Edwards, Carlos Ruiz, Francisco Antonio Encina, Jaime Guzmán, Mario Góngora, Pensamiento conservador en Chile, Renato Cristi
03 de Diciembre, 2015

Fuente: Artes y Letras, El Mercurio (domingo 20 de noviembre de 2015)

Sobre la nueva edición de “El pensamiento conservador en Chile”, de Carlos Ruiz y Renato Cristi, el autor hace un contrapunto.  

HUGO HERRERA Profesor Titular IDH-UDP 

El recuerdo de brumosas mañanas viñamarinas del año 97 se me vino al espíritu mientras recorría las páginas de la nueva edición de “El pensamiento conservador en Chile”, trabajo reseñado y citado profusamente, que mantiene su vigencia. Pasa que entre los libros dedicados a la derecha chilena del siglo XX preponderan obras sobre su historia fáctica. El texto de marras se concentra, en cambio, en el “aspecto argumentativo”, al cual se lo intenta abordar “desde una perspectiva filosófica”.
La edición suma a los seis ensayos originales un prefacio y dos apéndices que tratan del conservadurismo del siglo XIX y Jaime Guzmán. Para la discusión sobre Guzmán remito al debate que hemos sostenido recientemente con Renato Cristi en Estudios Públicos (N.os 138 y 139). Aquí me concentraré en la cuestión de la relevancia del pensamiento político de tres de los autores considerados: Encina, Edwards y Góngora.

Renato Cristi y Carlos Ruiz son críticos de ellos teórica y políticamente. El estudio de los conservadores les “ha permitido entender más claramente la alternativa republicana y democrática” que apoyan. En el nuevo prefacio cuestionan que yo proponga aprovecharlos para un pensamiento político contemporáneo en mi libro “La derecha en la Crisis del Bicentenario” (UDP 2015), algo que les parece incluso “peligroso para la democracia chilena”. Encina, Edwards y Góngora se opondrían al liberalismo, pero sobre todo a la democracia.

Ciertamente, en su atención comprensiva a lo concreto y la realidad popular, los tres se distancian del liberalismo más abstracto. Admiran a Portales, son presidencialistas. Hay, además, en ellos actitudes idiosincrásicas difícilmente aprovechables hoy. No son, con todo, necesariamente antidemocráticos.

En “La fronda aristocrática”, Edwards, el más cercano al autoritarismo, critica a la oligarquía y los abusos de un sistema que “condena todos los privilegios”, excepto los “que no tienen por origen la posesión del dinero”. Si su salida a la crisis va por la vía de un Ibáñez, ello es como primer paso hacia la “reconstrucción” de un orden que solo podrá estabilizarse en tanto se recupere el “contacto con el pueblo y las provincias”. Encina aboga por la urgente integración de los grupos populares. En Portales evidencia su distancia fundamental con quienes sostienen la inviabilidad de “una república realmente democrática”. Góngora acaba defendiendo una “democracia” en la que se proteja a las “minorías”.

Cristi y Ruiz se percatan de la rehabilitación que Góngora, Encina y Edwards hacen de la realidad concreta y su aspecto existencial frente a las racionalizaciones modernas y liberales. Sin embargo, no tematizan específicamente este asunto. La omisión de Cristi y Ruiz dificulta obtener de su estudio lo esperable como su resultado: una estimación decisiva del talante y los méritos de los discursos de esos pensadores frente a las alternativas liberal y revolucionaria. Sin esa tematización, su esfuerzo expositivo corre el riesgo de quedar en el plano de una inteligente y erudita recopilación de opiniones y aspectos idiosincrásicos de aquellas cabezas, y no alcanzar de lleno el campo de reflexión y evaluación propio de una “perspectiva filosófica”.

Sucede que en el asunto omitido radica, precisamente, la importancia de Góngora, Edwards y Encina como pensadores políticos: en su lucidez descollante respecto de lo que significa la comprensión política. Son plenamente conscientes de que la vida política transcurre como una combinación de fuerzas y pulsiones sociales e institucionales; de que comprender políticamente consiste en saber darle a la tensión entre lo concreto de la situación y la generalidad de las reglas una dirección de despliegue, articulando las pulsiones y anhelos populares en una institucionalidad capaz de recoger la espontaneidad social; de que las crisis se producen cuando la institucionalidad y las pulsiones y fuerzas sociales van por caminos separados.

Es lo que detectan Encina y Edwards que ocurre luego del Centenario, cuando masas populares irrumpen frente a un liberalismo que insiste en las viejas reglas; y Góngora después, ante la asonada de la izquierda contra la “democracia civilista” vigente del 32 al 70.

Los tres llegan a proponer salidas a las crisis. Para Encina, una educación con énfasis industrial y comercial es el esquema entre lo abstracto y lo concreto, el modo eficaz de encauzar las pulsiones e instintos populares. Edwards apunta a un difícil “arte de conducir transiciones”, consistente en “dar forma” a las “fuerzas sociales”. En los 80 Góngora propugna una recuperación de la conciencia política y del papel simbólico y espontáneo del Estado, dificultada por el economicismo imperante en el país.

Siempre se trata de atender a la situación y abrir sendas a lo popular, pero entendiendo que ha de ser interpretado y articulado en un delicado proceso, necesario para evitar los extremos del estéril formalismo y la pura agitación sin cauce.

De todo esto se siguen posibilidades provechosas de pensar el presente. La crisis actual resulta explicable como un desfase de fuerzas y pulsiones sociales -de una nueva clase media y sectores populares irritados- y una institucionalidad que, por el lado del Estado y el mercado, acusa deficiencias. De ellas no se sale por la vía de atajos, como un “más del modelo” o simple asambleísmo. Es menester volver a entender lo que ocurre en el nivel de los anhelos y sentimientos populares, y conducirlos según un discurso y una institucionalidad adecuada a ellos, donde la consideración de la evolución social y la capacitación del pueblo sean algo distinto al rápido recurso a unas sesiones de educación cívica y la reiteración de fórmulas militantes. En la tarea de elucidar políticamente el presente, la capacidad y el método comprensivo de los tres autores mentados revela su perenne actualidad.

 

 

 

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