Panorámica del trabajo en el Chile neoliberal

Noticia
Chile, Felipe Ruiz, GEIT, neoliberalismo, Trabajo
23 de Febrero, 2017

Fuente: La Segunda (23 de febrero de 2017)

Este extracto del libro editado por Felipe Ruiz Bruzzone presenta una investigación acerca de cómo se estructuran las desigualdades en la organización del trabajo en Chile, en lo que denominan un neoliberalismo avanzado posterior a las reformas laborales de los años ’80.

En la actualidad se amplían las discusiones en torno a las transformaciones de la estructura productiva y el mundo del trabajo en América Latina y el mundo, en general, dentro de las cuales se inserta este trabajo y por lo cual es relevante plantear los elementos básicos sobre ellas.

Según Harvey (1998), el origen de las transformaciones en la organización del trabajo debe rastrearse hasta los años 1970, cuando la crisis económica del petróleo fue respondida con un ajuste económico tendiente a liberalizar los mercados. Los pioneros en el cambio fueron Inglaterra y EE.UU., países que reestructuraron completamente los sistemas productivos articulados por el estado de bienestar, abriendo paso al neoliberalismo.

img_4357 La crisis económica forzó a replantear el modelo fordista de empresa, predominante en la época (grandes productoras en masa de un solo producto altamente especializado, tales como la misma Ford, General Motors, etc.), puesto que demostró ser demasiado rígido como para reaccionar adecuadamente a los vaivenes de la economía. La respuesta a ello sería lo que Harvey denomina el modelo de acumulación flexible, caracterizado por “un enfrentamiento directo con la rigidez del fordismo. Ella se apoya en la flexibilidad de los procesos de trabajo, de los mercados de trabajo, los productos y los patrones de consumo” (Harvey, 1998).

En definitiva, era un impulso por crear una empresa capaz de adaptarse a las variaciones cualitativas y cuantitativas de la demanda con rapidez, produciendo de manera acotada, según las exigencias de determinados segmentos de la población. La organización del trabajo se adaptó a esta flexibilización de modo que pudieran ajustarse rápidamente el volumen y las calificaciones de los empleados para bajar los costos de producción, adentrarse en nuevos mercados y producir acorde a los vaivenes económicos.

Contexto de investigación: Las reformas neoliberales de los años 1980 y sus consecuencias en la organización del trabajo

El proceso de neoliberalización se vivió en Chile una década después de su origen, como una de las respuestas a la crisis económica que se vivía en el continente en los Estados de Compromiso y los modelos industrializadores. Habiendo ocurrido durante la dictadura, el gobierno contó con la facilidad de no tener oposición política, por lo cual los ajustes se implementaron con excepcional profundidad. Así, el gobierno dictatorial privatizó en su período prácticamente todas las empresas estatales, terminó con la estrategia económica de industrialización nacional, desmanteló los antiguos servicios sociales públicos, y potenció la apertura económica externa (Ruiz, 2006).

Al mismo tiempo, el gobierno impulsó en 1979 el Plan Laboral, el cual tenía por objetivo “modernizar” el mundo del trabajo a través de la disolución de las estructuras burocrático-partidarias que hasta ahora tenían facultades regulatorias de la economía (principalmente sindicatos), modificar la normativa de negociación entre empleadores y empleados, y flexibilizar las condiciones laborales de los trabajadores; todo esto (en términos de los ideólogos de la reforma) con el horizonte de aumentar la libertad de mercado y así hacer más productiva la economía (Piñera, 1980). La profundidad de las mutaciones lleva a denominar el modelo chileno actual como “neoliberalismo avanzado” (Ruiz y Boccardo, 2013).

Si se conjuga el proceso de neoliberalización con el arrasamiento de los actores sindicales, el resultado es que el mundo del trabajo ha quedado subordinado a la libertad de empresa. Las principales herramientas de los trabajadores para mejorar sus condiciones laborales y de vida (huelga, sindicalización y negociación colectiva (Fundación SOL, 2014) se han disuelto en trabas burocráticas que hacen imposible utilizarlas en la práctica, o bien se ha desarticulado totalmente su capacidad de presión, como es el caso de las federaciones y confederaciones de trabajadores o las agrupaciones por rama de la economía.

Al mismo tiempo, la flexibilización laboral y la caída de las protecciones sociales de los trabajadores han disparado los índices de fatiga, falta de tiempo libre, tensión y preocupación por temas laborales, a la vez que la percepción sobre la propia salud empeora mientras más precarias sean las condiciones laborales (Minsal, DT e ISL, 2011).

Portada Panoramica del trabajo Fenómenos relevantes a observar que permiten caracterizar las transformaciones del último tiempo son: la integración de los trabajadores al proceso productivo de modo flexible e inestable, que puede ser vía flexibilidad contractual, salarial u organizacional. Para algunos autores, como Bialakowsky (2009), el concepto de flexibilización del trabajo y el abandono del modelo de trabajo por tiempo indeterminado ya pertenecen a nuestra actual forma de pensar, y, actualmente, es difícil prever la superación o la sustitución de ese tipo de trabajo inestable.

Por otra parte, se encuentran los fenómenos de independización o encadenamiento productivo, que refieren a la integración entre grandes, medianos y pequeños propietarios. En ese sentido, las pymes no pueden competir en igualdad de condiciones con los grandes conglomerados de carácter monopólico. Entre grandes empresas y pymes también hay externalización de costos, los holdings protegen su gasto dando los costos y riesgos a las pequeñas unidades productivas, expresándose en rotatividad —por alta tasa de natalidad y mortalidad de pequeñas empresas—, lo que conlleva a la inestabilidad y precariedad de la fuerza de trabajo que conforma las pymes.

Otro elemento importante que es posible vislumbrar en la nueva morfología del trabajo es el fenómeno de la externalización de servicios, o subcontratación, que entendida desde el modelo de Palomino (2000), es el campo que combina la independencia contractual con la subordinación organizativa. De esta forma, el concepto se entenderá como las estrategias de incorporación de trabajo en empresas mediante la incorporación de una tercera empresa mediadora.

La “independencia contractual” implica que los trabajadores no mantienen una relación contractual directa con la empresa usuaria de los servicios, sino que con la empresa que los recluta y contrata. La “subordinación organizativa” implica que los trabajadores se encuentran supeditados a la empresa usuaria. Así, se llega a una “doble sujeción”, ya que los trabajadores están bajo las órdenes organizacionales de una empresa y a la vez dependientes contractualmente de otra, pero relativamente autónomos en términos de subordinación organizativa.

Una consecuencia importante de la subcontratación es la desregulación de las relaciones de trabajo: según Echeverría (2009), los trabajadores de empresas externas casi siempre son reclutados con salarios y condiciones de trabajo inferiores a aquellos de la empresa principal, aunque ejecuten tareas similares o equivalentes. Y por lo general, no gozan de estabilidad en el empleo, en la medida en que la empresa subcontratista normalmente está limitada por un contrato de duración determinada con la empresa principal.

También se destaca el fenómeno de la informalidad laboral, es decir, trabajadores generalmente no calificados insertos en sectores de baja productividad. Esto implica la exclusión en el acceso a los mercados y a los recursos productivos, según la lógica de supervivencia a partir de la creación de empleo insuficiente.

En ese sentido, segúnTokman (2007), las actividades productivas que desempeñan los sectores informales se desarrollan, por lo general, fuera de los marcos legales y de regulación y la población ocupada enfrenta condiciones de alta vulnerabilidad y pobreza. El resultado es que ante la necesidad de sobrevivir, la gente se ve obligada a buscar soluciones de baja productividad y bajos ingresos sea produciendo o vendiendo algo, y para esto se requiere reducido capital y calificaciones.

Por último, cabe mencionar el fenómeno de la tercerización de la economía, es decir, la predominancia del sector servicios. Jürgen Weller (2004) destaca el papel cada vez más importante en la estructura productiva y social del sector terciario, lo que desemboca en una creciente demanda laboral. “Muchas de estas actividades tienen un potencial favorable para el desarrollo sociolaboral, pues estos puestos de trabajo que suelen requerir inversiones relativamente menores en capital físico y tecnología valoran sobre todo el capital humano (…).

Por otro lado, en el sector terciario se ha concentrado la generación de empleo de poca productividad, mal remunerado y de mala calidad, posible por las bajas barreras de entrada a ciertas actividades, como los servicios personales y el comercio”. (Weller, 2004, pág. 160).

Como se mencionó, la tercerización se vincula con la mayoría de los fenómenos antes mencionados, pues este sector ha sido el “más afectado por la flexibilización y externalización. Allí, en relación con normalidad y regularidad, los trabajos creados en las últimas décadas en este sector se caracterizan por ser esporádicos, desprotegidos, de baja intensidad horaria, no calificados y, por lo tanto, con bajas remuneraciones asociadas” (Ciper Chile, 2011).

Por tanto, la tesis que se desprende es que las políticas neoliberales implantadas implicaron un paulatino proceso de flexibilización, desregulación, externalización de la fuerza laboral y tercerización, que se observan, según Silva (2007), en la concentración económica que toma la figura de grandes holdings en el sector de servicios.

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