Hans Steffen, el pionero que registró la Patagonia chilena

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18 de Julio, 2014

Fuente: El Mercurio
NUEVO LIBRO “Geografía en acción”, de Carlos Sanhueza, aborda su legado:
Hans Steffen, el pionero que registró la Patagonia chilena

El geógrafo alemán fue enviado por el gobierno chileno a explorar el extremo sur del continente, con la idea de defenderlo como territorio nacional ante Argentina. Hizo eso y más: fundó el estudio de la geografía en el país como la disciplina que conocemos hoy y creó la primera red sismológica nacional.
Constanza Rojas Valdés Para Hans Steffen podría haber sido Australia, Argentina o cualquier país con territorios todavía inexplorados. Pero la invitación llegó desde Chile, de un gobierno que a fines del siglo XIX buscaba potenciar una educación laica y enfocada al desarrollo de la ciencia, y encontró en Alemania a los profesores indicados. Entre ellos estaba Steffen, quien en 1889, a los 24 años, llegó a Santiago con la idea de aplicar en terreno sus conocimientos de geografía y su vocación de explorador.

El legado que este alemán dejó en Chile luego de su estadía hasta 1913 es incalculable y todavía no completamente estudiado. De eso está seguro el historiador de la Universidad de Chile Carlos Sanhueza, quien acaba de publicar el libro “Geografía en acción. Práctica disciplinaria de Hans Steffen en Chile 1889-1913” (Editorial Universitaria). Solo como una primera aproximación, puede decirse que si en las clases de geografía de hoy se ven mapas, globos terráqueos y se explora en terreno la materia de estudio, es en gran parte gracias a él. Y que el registro más antiguo de los ríos de la Patagonia, cuando todavía era una zona desconocida y recorrerla constituía una hazaña de grandes proporciones, fue hecho por Steffen.

Vocación de geógrafo

Quienes lo conocieron en persona lo describieron como un hombre inalterablemente serio, parco, ensimismado, que hablaba en un español correcto, pero con marcado acento germano. Su primera tarea en Chile fue la de formar la cátedra de Historia y Geografía del naciente Instituto Pedagógico. Luis Galdames, quien fue su alumno, describió en la revista Anales de la Universidad de Chile: “Esta clase de Historia le parecía ingrata y la hacía con cierta repulsión que no escapaba a nuestro criterio de aprendices. (…) La clase de Historia se alternaba con la de Geografía Física; y aquí sí que las cosas cambiaban. El profesor abandonaba el texto; y de pie junto a la pizarra, hacía su demostración con tiza de colores, explicando detalladamente cada rasgo orográfico, cada ley climatológica, cada materia oceanográfica, etc. Y todo animadamente, con la unción y el placer de enseñar. Incuestionablemente, estábamos delante de un geógrafo”.

La vocación y alta formación que Hans Steffen demostraba en el aula lo llevó a instaurar un estudio de la disciplina que excediera la pizarra, e incorporara mapas, globos terráqueos y excursiones, algo totalmente innovador en la época. Y fue aun más allá, porque llegó a darle a la disciplina un estatus que antes no tenía. Sanhueza explica: “Se dedica a dar una especificidad a la geografía. En Chile siempre se asociaba al estudio de la historia, y él dice no, tiene que estudiarse como disciplina aparte. Y tiene mucha influencia, porque hace los planes y programas del Instituto Pedagógico, de las Escuelas Normales, y también de los colegios públicos, donde separa de alguna u otra manera la geografía de la historia”.

El problema de los límites en el sur

Hans Steffen estaba al tanto de los problemas en la demarcación de límites con Argentina en el sur, y su interés en participar en las investigaciones fue explícito y al comienzo fallido. En su artículo “Contribución de los alemanes al estudio de la geografía (…)”, él mismo narra: “Solo en 1892, después de haber realizado una excursión de estudio a la región del Lago de Todos los Santos, en las cordilleras de Llanquihue, conseguí interesar al entonces Perito en la Comisión de Límites y Rector de la Universidad, don Diego Barros Arana, para mis proyectos y obtener, por su valiosa intermediación, las comisiones de gobierno y los recursos necesarios para llevar a cabo una serie de viajes de exploración y estudio en las cordilleras patagónicas, región entonces muy poco conocida y donde con toda probabilidad se iban a producir dificultades en el arreglo del límite internacional”.

Así, luego de esta primera exploración voluntaria en sus vacaciones de verano, convence a las autoridades de que es el indicado para ver en terreno los puntos grises de la definición territorial. Ambos países reconocen que la cordillera es un límite natural entre ellos, pero la idea del tratado de 1881 de que el punto exacto son las altas cumbres que dividen las aguas no es aplicable en la zona sur. Los glaciales y la baja altura de las montañas hacen que los picos no coincidan con el nacimiento de los ríos; y la tarea que asume Steffen, entonces, es catastrar la zona y definir dónde empiezan los torrentes.

Ciencia y sobrevivencia

En las fotos de las expediciones muchas veces se ve a Steffen de chaqueta y pantalón, vestido de caballero. Hasta en esas circunstancias se debía mostrar formalidad, a pesar de que después de unos días la barba y el desaseo dijeran lo contrario. En total, fueron seis exploraciones -además de la de Llanquihue-, entre 1892 y 1899, por los ríos Frío, Cochamó, Palena, Puelo, Manso, Aysén, Cisnes y Baker.

Para no abandonar su trabajo en el Instituto Pedagógico y por las condiciones climáticas, eran realizadas en verano, y Steffen organizaba el equipo con ayuda de compatriotas inmigrantes. La primera tarea era importar los instrumentos, barómetro, hidrómetro, termómetro y cámara fotográfica; todos complejos de conseguir. La segunda, reclutar a dos alemanes que conocieran la zona, principalmente de Valdivia o Chiloé. A través de ellos conseguía a otros lugareños para que llevaran los equipos, y así formaban un grupo de cerca de diez personas.

La logística no era nada fácil. No lo sería hoy con las nuevas tecnologías, y menos lo era en ese momento. La Armada prestaba barcos para llevarlos al lugar y embarcaciones más pequeñas llamadas “chalupas” para subir por los ríos; pero la mayor parte debía hacerse a pie debido a la fuerza de la corriente. El alimento lo obtenían de la pesca y la caza con escopetas, y las pocas provisiones que llevaban, como harina tostada o harina para hacer pan, debían cuidarlas con esmero. En al menos una ocasión perdieron todo por las ratas.

Sanhueza constata que si bien las exploraciones eran un operativo científico, el alemán tenía claro que su misión también era de carácter político. Y eso fue patente cuando parte de su equipo fue arrestado por la policía argentina y sus instrumentos sustraídos. Solo los liberaron por la vía diplomática, y luego de supuestos maltratos, por lo que cuando Francisco Moreno (el “Perito Moreno”, encargado de la investigación en Argentina) le ofreció que compartieran ambos resultados, Steffen le dijo que no. Que había motivos estratégicos de por medio.

El mismo geógrafo alemán termina acudiendo a Londres a exponer sus resultados (Chile y Argentina discutían la aplicación práctica del tratado de 1881 y se habían sometido al arbitraje inglés). Luego acompaña a los expertos por la zona en disputa. Moreno hace lo mismo por el lado argentino. “Finalmente el fallo es frustrante -concluye Sanhueza-, porque la definición geográfica no fue lo determinante. Se tomó en cuenta dónde había más población de cada país, la historia de colonización, cosa que tenía mucho más Argentina que Chile. Y lo otro que a Steffen debe haberlo frustrado mucho es que, después de todo lo que investigó, se hizo una raya justa entre un lugar y otro, sin saber si pasaba por cordillera o no. Su trabajo fue muy importante porque le dio muchos argumentos a Chile, pero al momento de definir la frontera política que en parte todavía existe no fue lo determinante”.

José Miguel Pozo, asesor histórico del Ministerio de Relaciones Exteriores, quien ha estudiado la labor del alemán, entrega otro punto de vista: “Steffen influyó notablemente en que varios ríos quedaran para Chile. Los descubrió y exploró, y gracias a eso algunos que nacían más al oriente de las altas cumbres quedaron totalmente para Chile”.

Datos vigentes

En 1913, por problemas de salud al parecer pulmonares, Hans Steffen jubila y se va a Suiza a vivir su convalecencia. “Desde su alejamiento de nuestro país, el Dr. Steffen vivió solo consagrado al estudio de los problemas relacionados con nuestro territorio, con su geografía y con su historia”, dice el Premio Nacional de Ciencias Ricardo Donoso en el artículo que le dedica en Anales con motivo de su muerte, en 1936. Antes, el alemán había legado todos sus archivos al Instituto Iberoamericano de Berlín, donde se encuentran hasta hoy.

La mayoría de los numerosos artículos que escribió el geógrafo los publicó en Alemania y no se han traducido al español, pero su libro más famoso, “Patagonia occidental”, fue reeditado en 2009 por la Universidad de Chile y el Consejo del Libro. Sanhueza ha descubierto, además, que muchos de sus estudios siguen siendo usados en investigaciones actuales: “Una utilidad muy contemporánea tiene que ver con el cambio climático. Se está haciendo un mapeo del sector, y ahí son muy importantes las fotos de Steffen para determinar dónde había glaciares, porque están todas delimitadas por latitud y longitud, no son fotos de turistas. Con un GPS puedes ponerte en el mismo lugar y ver cómo ha cambiado el glaciar para probar el efecto climático. También se pueden ver la deforestación y el cambio de los ríos, porque sus datos son muy precisos. A pesar de que su investigación tenía un carácter político, él nunca dejó de trabajar de forma científica”.

Su aporte a la sismologíaHans Steffen tuvo también un importante rol en el desarrollo de la sismología en Chile: lideró la comisión que, luego del terremoto de Valparaíso de 1906, comienza a establecer la primera red sismológica nacional, Mercalli, en la Universidad de Chile. Se elabora una serie de cuestionarios que se reparten a gente ilustrada de norte a sur, para que registren los distintos movimientos. Según cuenta Sanhueza, los criterios para medir la intensidad eran tan básicos como si arrancaron sólo las mujeres o también los hombres, o cuántas veces ladraron los perros.

Fuente: El Mercurio

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