El filósofo callejero

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28 de Enero, 2016

Fuente: LUN

Por Víctor Montañés

Desvanecido ante su último entrevistador, el filósofo chileno Humberto Giannini (1927-2014) murió a los 88 años unas horas después, hace un año y dos meses. Su faz arrugada sugería que este académico de corazón pensaba hacia dentro, contraído en el platonismo; pero no: su sonrisa evidenciaba un ansia de comunicación con el “otro”. Con el prójimo ciudadano. Ojalá en la calle, pues se consideraba un “filósofo callejero”. Lo imaginamos saliendo a la vereda e interpelando a medio mundo. ¿Sería así? En su día final, el “otro” se encarnó en Daniel Hopenhayn, que publicaría esa conversación en The Clinic.

Hubo muchas entrevistas en vida del filósofo. Editado al amparo de la Universidad de Chile, este libro busca poner en circulación sus ideas y su figura, recopilando esas intervenciones en medios de prensa, junto a artículos y columnas de su mano aparecidos en El Mercurio y La Nación.

Ya en 1993, escribía Giannini sobre la corrupción como creciente rasgo chileno, lo que ya inquietaba a los aparatos legislativos. Señalaba la confusión entre “precio” y “valor”, y el consecuente “encalillamiento” de nuestra “clase media y baja”, propensa a ser presa de una agente (y un ánimo) “corruptor”, casi como forma (espuria, por cierto) se sobrevivencia. ¿Qué diría hoy?

Las entrevistas van desde 1980 a 2014. Así reunidas, es inevitable cierta reiteración temática, si bien se aprecia una evolución de acuerdo a las circunstancias y el paso de los años. Una cuestión recurrente es la universidad, sobre todo la Universidad de Chile: en qué consiste, cuál es su esencia y cómo las políticas de la dictadura, perdurables como concepción economicista en la transición de los 90 (y más acá por cierto), tendieron a desnaturalizar y mercantilizar las universidades públicas, convirtiéndolas en fábricas de profesionales más que en antros de verdades de reflexión. ¿Y la gratuidad en educación? Para Giannini, se trata se un “derecho de nacimiento”.

Percibaen la trasición de los 90 “muchas facetas odiosas”, mucha negociación política y económica oculta. Mucho “dogma del acuerdo”, lo que escondía el conflicto e impedía evolucionar a partir de él.

Amante de Platón y Aristóteles, de santo Tomás y Spinoza. Giannini apela a Diógenes para criticar todo. Con ironía e ingenio, como cuando puso una granada (fruta) envuelta en el patio del campus, lo que alertó explosivamente a la policía y al decano: ¡una granada en el patio! Una metáfora de la paranoia del poder ante la naturalidad del pensamiento.

Se dice que una vez Giannini desordenó a manotazos, ante las narices de cierta autoridad arbitraria, y mientras le desarticulaba los argumentos verbalmente, todos los papeles que este funcionario tenía en su despacho. Para él, la moral (distinta de la ética, que emana de los teóricos) es una experiencia directa, personal e interpersonal, suscitada a su vez por la experiencia del “agravio”. Chile es, decía en 1997, “un país de conflicto escondido”, donde no se ha permitido “un proceso real de diálogo moral”.

El filósofo habla también del teatro griego, del liceo en Europa occidental, de la UP, del “demonio del mediodía” y del “catre de Aristóteles”. Siempre a partir de una relación cara a cara con el otro y con las cosas, aunque a veces derivando, en pleno diálogo, hacia la generalización abstracta. Como sea, y pese a algunos baches de edición (qué es lo que, según el entrevistador Warnken “damos por desconectado”?), un documento de interés.

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