El arsénico condicionó la vida y muerte de la cultura Chinchorro y de sus descendientes

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04 de enero, 2016

Fuente: El Mercurio: Vida, Ciencia y Tecnología (30 de diciembre de 2015)

Las aguas de la quebrada de Camarones poseen un alto nivel de toxicidad, lo que incidió en una alta mortalidad infantil y, eventualmente, en la práctica de la momificación artificial.

Portada base Imagen de ChileLa evidencia más antigua de momificación artificial por parte de la cultura Chinchorro corresponde a recién nacidos y niños pequeños que vivieron hace poco más de 8 mil años en el entorno de la quebrada de Camarones, al sur de Arica. Esta sería una demostración clara de una alta mortalidad infantil debido al envenenamiento crónico por arsénico de sus habitantes. Así lo sostiene Bernardo Arriaza, antropólogo de la Universidad de Tarapacá, quien acaba de publicar una segunda edición ampliada de su libro “Cultura Chinchorro”, donde profundiza en esta hipótesis. Luego de realizar análisis en sedimentos y plantas, junto con el de cabellos de las momias y estudiar las patologías que padecieron, el investigador está convencido de que el alto contenido de arsénico en las aguas de la quebrada sería el responsable directo de tales muertes y también del inicio de la momificación. “El arsenisismo genera una alta mortalidad perinatal, es decir, hay muchos partos prematuros y bebés que nacen muertos”.

Los Chinchorro no podían comprender lo que ocurría porque el arsénico disuelto en el agua no es detectable a simple vista. Como una respuesta emocional a la pérdida, comenzaron a desarrollar la momificación intencional de fetos y niños.

Los pintaban y adornaban con tierras de colores y palitos. Así podían recordar y adorar un cuerpo embellecido y no uno maloliente en descomposición.

Herencia genética

Con el tiempo, la práctica mortuoria se generalizó a los Chinchorro de todas las edades. Pero en paralelo se produce un fenómeno de selección natural que permitió la mantención de una población humana en el área, si bien de muy baja densidad. Tal resistencia al envenenamiento por arsénico en la zona ha llegado hasta las poblaciones actuales, según revela un estudio de los investigadores Mauricio Moraga y Mario Apata, del Programa de Genética Humana de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.

Trabajaron con una muestra de 50 pobladores actuales de la quebrada de Camarones que compararon con un número similar de personas del Valle de Azapa y el sur de Chile. Buscaron marcadores genéticos que dieran pistas sobre selección natural que explicaran por qué los habitantes de Camarones consumen agua de la quebrada sin presentar mayores problemas de salud, considerando que la concentración de arsénico allí es de cien veces por sobre la norma.

Un estudio similar realizado en Argentina, en una zona con una alta concentración de arsénico en el agua, reveló que la población local presentaba una combinación particular de variantes (o haplotipo protector) en el gen de la Arsénico 3 Metiltransferasa o AS3MT, la enzima encargada de metabolizar el arsénico, que les permitía liberar rápidamente este veneno a través de la orina. “Eso hace que baje la concentración en la sangre y también la toxicidad”, explica Moraga. Fue también lo que encontraron en la población de Camarones. “Quien no posee esa variante acumula arsénico hasta llegar a niveles de toxicidad, como muestran las momias chinchorro más tempranas”.

Esto, explica, calza muy bien con un fenómeno de selección natural, en que las poblaciones iniciales deben haber tenido seguramente frecuencias muy bajas de estas variantes. Una vez que se instalaron en la región, hace unos 9 mil años, y empezaron a consumir agua con arsénico, probablemente una mayoría fue muriendo o sufriendo problemas como abortos espontáneos, pero los pocos que poseían el haplotipo protector sobrevivieron.

En un primer momento era muy poco frecuente, no más de 1 o 2 por ciento de la población lo tenía, pero hoy lo porta el 70% de ella.

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